¡Patria o suerte! ¿Venceremos?

  • A sabiendas de cuál es su talón de Aquiles, asombra que el gobierno y Morena caminen con parsimonia, en vez de indagar por cuenta propia y con rigor a los políticos ligados al crimen.

SOBREAVISO//Rene Delgado

El tamaño del problema ante Estados Unidos es mayúsculo y peligroso. Y no está claro si el oficialismo lo está calibrando en su justa dimensión.

En efecto, la compleja circunstancia responde en buena medida a la política injerencista desplegada por el gobierno de aquel país, pero no sólo a eso. También obedece a la negligencia –ojalá, no complicidad– con que el gobierno y Morena se han conducido de cara a la asociación de gobernadores, legisladores, dirigentes y funcionarios con el crimen, a fin de asegurar y expandir el poder.

La mezcla y conjugación de ambos ingredientes –intervencionismo e inacción o, si se quiere, urgencia y parsimonia– componen un cóctel explosivo para el país e implosivo para el gobierno y Morena. No comprender en su magnitud el problema, incluyendo la oportunidad que entraña, es transformarlo en una crisis de proporción desconocida.

Solapar o consecuentar a Rubén Rocha Moya y a los otros nueve representantes populares o servidores públicos de Sinaloa señalados por el Departamento de Justicia del país vecino como socios del crimen no defiende, expone la soberanía nacional, además de vulnerar la soberanía popular, la democracia pues. Más todavía si a ese listado, como anunció la Fiscalía estadounidense, seguirán otros.

 tenían y tienen conciencia de eso, como también de cada uno de los pasos dados por el gobierno estadounidense a fin de colocar contra la pared al gobierno nacional y el movimiento que lo ampara. Por ello, asombra que, en vez de aprovechar la oportunidad para romper el vínculo política y delito e indagar cuanto antes, por cuenta propia y con estricto rigor a los cuadros asociados al crimen, actúen con parsimonia como si las señales no urgieran a proceder con rapidez.

Insistir, como antes, en la política del “aquí no pasa nada”, deja en vilo a la soberanía nacional y la soberanía popular, como quien dice, al Estado y la democracia. Es tanto como clamar y preguntar: ¡Patria o suerte! ¿Venceremos?

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